Últimas veces o „¡Hasta la vista, Cuba!“

Los últimos días en Cuba se pasaron volando. Siguiendo el consejo de la familia donde me estoy quedando (y del guía turístico que también vive en el edificio y siempre llega a lavar o tomar café) hice dos viajes más antes de irme. El primer viaje fue muy cliché turístico: cuatro ciudades en dos días, con todo incluido (hasta un almuerzo en un puerto de yates). El segundo viaje fue de un día a la provincia del tabaco Pinar del Rio, adonde ya había viajado antes con papá y la Evita. Esta vez me acompañaba la familia completa de la gente donde me estaba hospedando.

Aunque me ponía triste mi despedida de Cuba, estaba más y más ansiosa por volver a mi „segunda tierra“ Panamá. Aterricé el martes en la mañana y en la noche me encontré con mi hermana de intercambio (de cuando vine la primera vez en el 2002). Con ella pasé una noche larga de cuentos en su balcón con vista a los rascacielos de la capital panameña. El jueves me fui para „mi“ provincia Chiriqui y mi pueblito Volcán. Allá visité el colegio en el 2002 y allá es donde todavía vive la mayoría de mis amigos panameños.

Cuatro ciudades en dos días (o algo así)

Luego viajamos en el bus con aire acondicionado hacía Trinidad. Anteriormente, otros alemanes me habían descrito a Trinidad como „quedado en la Edad Media, peligroso y lleno de jineteros“. De hecho fuimos recibidos de una pequeña cantidad de vendedores que iban ofreciendo collares, taxis y tal. En Trinidad visitamos entre otras cosas una alfarería muy tradicional. El lado de la imagen del abuelo hay una foto de Fidel Castro con un jarrón de allá mismo. Al contrario que Fidel Castro, este abuelo todavía está muy activo. Lo vimos en la parte atrás del tallertienda en su mesa haciendo cerámica – en un suéter de Che Guevara.

La ciudad en si estaba dominada por calles estrechas y adoquinadas con casas coloradas, pegadas una a la otra . Muchas de las casas y sus habitantes daban la impresión que en Trinidad el „nivel de vida“ estaba aún más bajo que en otras ciudades – a pesar del turismo extenso con tiendas y servicios ofrecidos en cada esquina.

La última estación era Sancti Spiritus. El trayecto a través de la sierra verde de Escambray duró varios horas y llegamos a la ciudad cuando ya era de noche. La luz y el tiempo no daban para más de una breve charla sobre la historia de la ciudad y los edificios más importantes del casco central. Luego teníamos unos 20 minutos para explorar el centro antes de que cayera la noche. Vi: muchos edificios bien mantenidos, muchas tiendas con buena oferta (mayormente en CUC) y muchas instituciones culturales. En este corto recorrido no solo vi pinturas, sino también anuncios y casas de teatro, música y lecturas literarias – me hubiera gustado quedarme más tiempo.

Lamentablemente nos tuvimos que ir muy rápido para llegar a Santa Clara para la cena. Después de la llegada nos llevaron hacía nuestras habitaciones espaciosas en cabañas. Luego nos encontramos todos en una mesa para comer juntos (de acuerdo con el cliché de „todo incluido“ había bufé). Entre el grupo nos quedamos un buen rato hablando sobre nuestras impresiones de Cuba, sistemas políticos en general. Finalmente también hablamos de las tendencias independentistas de Escocia. La pareja de Güernsey opinaba que Escocia no tendrá ingresos propios casi y que en gran parte lo estaría financiando por Inglaterra. Según ellos, sería muy irresponsable dejar que se gobiernen solos los escoses, porque entonces no quedarían fondos para lo básico como escuelas y hospitales. „¿De qué se supone que vayan a vivir entonces, solo del Whisky?“ Los galeses, quienes tienen sus propios sueños de independencia, señalaron que la independencia era un valor en sí y que cada país tendría que dar este paso tarde o temprano. Sin embargo, dijeron que Gales no estaba preparado para darlo todavía.

Más tarde me vino a buscar mi amigo de la semana anterior. Con el me fui en moto a un tur nocturno por las calles de Santa Clara. Hicimos paradas en varios locales con muchos estudiantes. Fue una buena final de este largo día con mucha información y cuatro ciudades.

Al día siguiente (después del desayuno de bufé…) fuimos a ver los sitios turísticos de Santa Clara, que yo ya había visto la semana anterior. Aproveché para tomar algunas fotos que no había tomado antes y luego hasta me fui a leer en el bus, mientras que los otros visitaron el mausoleo y el museo del Che. En el centro vimos el Teatro Caridad desde adentro que está conservado casi en su estado original. Inicialmente se había pensado como una institución caritativa. El concepto era coleccionar dinero para gente necesitada vendiendo boletos a precios altos. Un boleto de estos valdría unos 500 euros en el día de hoy. Eso obviamente ha cambiado „desde el Triunfo de la Revolución“ y ahora el teatro es para todos, mientras el estado se encarga (idealmente) de los necesitados. Cuando entramos habían ensayos de requisitos y luz. En frente del teatro está la plaza en cuyo medio por alguna razón había un desfile con varias bandas tocando. Luego admiramos la oferta de productos en las tiendas del „Boulevard“. Por supuesto, la mayoría de ellas solo vendían en la moneda CUC que solo está accesible para personas con contactos extranjeros. Después de un almuerzo en nuestro hotel (que por cierto estaba muy bonito, pero algo estéril), volvimos a la Habana y me acosté tempranito.

El paseo familiar

El siguiente día había que madrugar, porque fui con toda la familia anfitriona a un parque natural llamado „Las Terrazas“, que queda cerca de la Habana. Esto fue una experiencia muy diferente a la del tur de las cuatro ciudades. Después de un desayuno acelerado y últimas preparaciones nos fuimos corriendo hacía el Capitolio, donde ya nos estaba esperando el bus. Según lo entendí, las „terrazas“ habían estado bastante desechas hasta un par de décadas atrás. Sin embargo, han ido reforestando el área con seis millones (!) de arboles, sobre todo palmas. Eso al aparecer ha funcionado muy bien y la reserva natural nos pareció como un ejemplo a seguir para vida y turismo en armonía con la naturaleza. También había un pequeño pueblo, que estaba literalmente construido en la vertiente. Incluso había un hotel en el que habían construido balcones y techos alrededor de los arboles en vez de cortarlos todos. La gente parecía muy relajada y abiertos hacía el turismo en su pueblo. Visitamos diferentes lugares como la casa del cantor cubano Polo Montanés, quién murió en un accidente después de una carrera corta pero éxitos y quien era muy querido por el pueblo cubano. Yo me atreví y me tiré a hacer Canopy. Fue muy emocionante y también me brindó unas vistas muy hermosas a los cerros y el lago propio del pueblo.

Para el almuerzo nos llevaron a unas aguas termales, a las que entramos casi todos tarde o temprano. Lamentablemente estaba todavía resfriada desde que había estado en Santa Clara la semana anterior. Por eso no pude demorar mucho en el agua. Nos pasamos la tarde jugando a los dados, observando gente y tomando vino tinto de las copas plásticas que habíamos traído. A las cuatro y medio volvimos rumbo a la Habana.

El último fin de semana

En la noche me fui con una „máquina“ (taxi cubano, mayormente en limusinas antiguas de seis a nueve asientos) al Vedado para encontrarme con una amiga en el parque de la 23 y G. Supuestamente ibamos a un concierto en la sala de Bertolt Brecht, pero la fila era tan larga que nos dio pereza y nos fuimos a caminar en el área. En el camino encontramos un concierto al aire libre de la banda cubana „Moncada“. Luego nos fuimos a la fiesta de otros amigos en el mismo apartamento donde habíamos festejado dos semanas antes con mi hermana (el aniversario de dos chicas lesbianas). La pista de baile en la pequeña sala estaba siempre llena y con un ambiente prendido. A los estantes habían pegado pequeñitos carteles escritas a mano con mensajes como „¡VIVA LA DIVERSIDAD!“ o „ÁREA PARA BAILAR, CANTAR Y DIVERTIRSE“. A lo de las 2 me había ido con otra gente a buscar más ron. Cuando volvimos a la casa vimos la policía en la puerta y la gente saliendo. La fiesta en casa se había acabado, pero algunos fuimos al Malecón cercano. Allá nos pusimos a tomar el ron casi en seco (solo había una lata pequeña de soda para todos). Bailamos en el muro a nuestro propio ritmo. A veces llegaban músicos que se unían mientras los pagamos con tragos de ron, hasta que uno se quedó acostado y se puso a dormir allí mismo. Después que se acabó la música nos quedamos un buen rato sentadas en el muelle hacía el agua con vista al mar y las luces nocturnas de la Habana. Ya muy temprano me fui a tomar una máquina que me dejó en casa fiablemente.

Programa cultural

En la tarde siguiente me volví a reunir con mis amigas para asistir a una presentación de Flamenco en el Teatro Nacional (a un costado de la Plaza de la Revolución). La compañía se había fundado recientemente a principios de este año por la bailarina reconocida Irene Rodríguez. A pesar de que la compañía lleva tan poco tiempo . Habían tres actos con obras bailadas en diferentes constelaciones respectivamente que fueron acompañadas de una banda en vivo. El tercer acto era la recientemente premiada obra „El crimen fue en Granada“, que narra el homicidio del poeta García Lorca en baile y actuación. Yo quedé fascinada – de la precisión y el dominio del cuerpo de l@s bailarin@s, los vestidos, la música… Y eso con la certeza que ya me tendría que ir el martes.

Despedida y Bienvenida

El lunes lo pasé con muchas „últimas veces“ y los últimos mandados urgentes para el viaje. Como siempre al final faltaba tiempo para todo que me hubiera gustado hacer y para personas que me hubiera gustado visitar. En una vuelta rápida en el Ciber (de Etecsa) me di cuenta que mi vuelo a Panamá no era a las 8 de la noche sino a las 8 de la mañana – 12 horas menos todavía. La última noche la pasé con la familia y visitamos una sobrina que se fue de viaje a España.

Después de últimos mensajes y llamadas emocionales con el celular cubano me fui al aeropuerto. Allá cambie mis últimos CUCs a dolares. En la sala de espera me encontré con una colombiana de Bogotá que también iba para Panamá. Aún atrapada entre la nostalgia del adiós y la alegria de volver a tierra panameña, me fui desde la Habana con la salida del sol.

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Panamá me recibió con un abrazo húmedo, lluvia intensa y un fuerte olor “a casa”.

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