Muchos reencuentros y un pequeño choque cultural

Ya estoy en Panamá desde una semana. Es mi primera visita desde el año pasado, cuando también pasé noviembre acá realizando investigaciones sobre significados del concepto „corrupción“.

Los primeros días fueron llenos de muchos momentos bonitos en ambientes familiares con personas familiares. También fueron muy dominados de las diferencias llamativas entre Cuba y Panamá.

De un lado Cuba: un mes de un aislamiento relativo de información y productos de consumo de afuera. Allá se sentía como si todo fuera propaganda o rumor y en donde las vallas publicitarias en su gran mayoría se limitan a promocionar los logros del socialismo o „la Revolución“.

En el otro lado Panamá: rebosando de crecimiento económico y con una cultura de consumo muy dominante en la vida diaria. A la vez una fuerte desigualdad en todo el país que se nota en cada rincón. Me acuerdo como una vez entramos al nuevo Hard Rock Hotel. Frente a su interior lujoso mi amigo decía: „María, creo que con eso ya llegamos al primer mundo.“ Tiempo después me di cuenta que me irritaba tanto de esa frase: Para mi „llegar al primer mundo“ sería minimizar las desigualdades entre lujo extremo y pobreza extrema y establecer una clase media amplia y asegurada. Considero que son precisamente estos dos extremos que siguen siendo características para países que se auto-consideran „tercer mundo“.

Después de dos días en la Capital, donde de una vez me compré una SIM panameña, cogí un bus para Volcán. Allá los días fueron dominados por las preparaciones del segundo día nacional (28 de noviembre) que celebra la independencia de España. Este día se celebra con un largo desfile de bandas estudiantiles e independientes interpretando temas clasicos o adaptaciones de canciones actuales. En el otro día nacional (3 de noviembre) se celebra la separación de la Gran Colombia).

Primeros pasos en terreno conocido
Como siempre en los últimos años siempre hay muchas cosas nuevas que ver en la Ciudad de Panamá. Rascacielos gigantescos con fachadas de vidrio se levantan en cada esquina, calles nuevas y un sistema de metro subterráneo está en construcción. Y cada vez parece ser más alto el porcentaje de carros y celulares de la última moda.

En la noche me encontré con mi hermana de intercambio (estudiantil). Desde su apartamento en el piso 11 de uno de los edificios nuevos tenía una vista impresionante sobre el panorama nocturno de la ciudad.

En la familia de amigos, donde a veces me he quedado a dormir cuando esté en „la ciudad“, también me recibió una carita nueva. La señora que había trabajado como empleada de la casa desde sus 13 años, se había peleado tan fuerte con ellos que se fue con su hija de tres años a trabajar en un hotel con su hermana. A pesar de todo, sigue llegando de visita cada dos o tres meses. Así también llegó el miércoles y decidí quedarme hasta el jueves para poder verla a ella y su hija pequeña.


Viaje al verde
El jueves en la mañana me fui en taxi a la terminal de buses, donde me vi enfrentada de un nuevo sistema de entrada. Ahora se necesita una tarjeta recargable para poder pasar la puerta giratoria hacía los buses de larga distancia. Esta tarjeta creo que se utiliza como modo de pago en los nuevos buses urbanos que van reemplazando a los antiguos „Diablos Rojos“. Estos habían causado muchos accidentes por su estado frágil y los conductores adictos a correr competencias.

El trayecto hacía „mi“ provincia Chiriquí es siempre bastante largo (como 7 horas). Las pasajeros se entretienen con las películas que se están transmitiendo en varias pantallas. Muchas veces uno también entre en conversaciones profundas con la persona del asiento al lado. Sobre todo las personas mayores tienden a compartir las historias de sus vidas. Así también me tocó esta vez con una señora mayor con la que también me senté a almorzar en la parada obligatoria a la mitad del camino. Las lineas de buses tienen contratos con los restaurantes respectivos de hacer parada siempre en el mismo restaurante.

Al cruzar la frontera hacía Chiriquí la policía controlaba (como siempre) las cédulas o pasaportes de todos los pasajeros. Personas sospechosas tienen que bajar del bus y se revisan sus maletas por separado. Esta vez no hubo ningún incidente y así llegamos a Davíd, la capital chiricana. Desde allá me iba en otro bus hacía Volcán. En la terminal esperé también a una amiga donde la que siempre me quedo a vivir cuando estoy en Volcán. Mientras esperaba me topé con otra amiga de la escuela que no había visto en cinco años.

Juntos nos fuimos a mis queridas „Tierras Altas“. Aun después de tantos años para mi no han perdido su encanto con sus impresionantes paisajes montañeras. Las piedras cubiertas de musgo, las cercas de madera y las ocasionales coníferas siempre me recuerdan mucho al paisaje de Suecia. Así también lo habían percibido mis padres cuando me visitaron acá en el 2007. Por más bonito que sea el paisaje y la vista al Volcán (3475m) que trona sobre el pueblo, también hace mucho frio, sobre todo en la noche.

Por casualidad vivo muy cerca de una amiga que también es doctora y ella me está ayudando a curar mi resfriado persistente con antibiótica y otras medidas. Con mis amigos ya hice varios paseos a otros pueblos y también fui a las lagunas al oeste de Volcán. En la semana que viene ya está mi cumple y viene de visita mi hermana!

 

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