Visitando el país de los contrastes y las maravillas (1)

Lo prometido es deuda – el artículo sobre mi viaje maravilloso en México:

Mis vacaciones de Semana Santa las pasé en México junto a mi familia entera este año. Fue muy especial por varias razones: estar juntos los 7 para una fiesta tradicional ya se ha vuelto escaso hasta en Alemania, pero estarlo en otro país (en el otro lado del gran charco!) – no tiene precio! Ahora, estarlo en un país tan pero tan interesante, diverso y bello como México, mejor aún! Además de esto, tuvimos la suerte de tener dos organizadoras muy capaces: Chantal, hermana de intercambio de mi Mamá hace más de 30 años quien ahora es antropóloga en México. Viajar con una antropóloga fue realmente un tesoro! La segunda semana la organizó mi hermana Eva, también conocida como La Evita. Estuvimos en lugares muy interesantes en la Ciudad de México, como en el juego de México contra los EE.UU. O la casa de Frida Kahlo, a la que no fui otra vez sino directamente al último hogar de Leo Trotzki, que queda a pocos metros.  Pero también viajamos a las pirámides de Teotihuacan. Allá nos quedamos a dormir en un centro cultural.

PD: Al darme cuenta que mis anotaciones serían demasiado extensas para un solo artículo, decidí dividirlo en tres. Aquí va el primero:

Para viajar 2 semanas seguidas, aproveché de mis 6 días de vacaciones de la pasantía que había ahorrado.  También tuvimos la posibilidad de trabajar horas extras en las semanas anteriores para tener libre Semana Santa entera.

Llegué a Guadalajara de noche, donde ya me esperaban mis papas con Chantal en el aeropuerto. En el hotel nos encontramos con mi hermana Lea y los hijos de Chantal, Cedric y Berenice. Nos quedamos en Guadalajara una noche y luego caminamos un poco por el centro histórico y muy colonial en cuanto a la arquitectura:

En la puerta de alguna institución de ayuda (no me acuerdo si fue ONG, estatal o de una iglesia) había una fila larga de gente esperando por un plato de comida:

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También había lo que aparentaba ser una graduación cualquiera de jovenes aventajados:

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En frente de un edificio estatal vimos un carro con policías (o militares, no sé) bastante armados. Fuimos advertidos de no tomarles fotos, porque por el conflicto armado con los grupos del crimen organizado, los policías mismos se han vuelto paranoicos y podrían reaccionar fuerte al verse fotografiados. Siendo mi papa, igual lo hizo al regresar de nuestra pequeña vuelta, esa es la imagen debatida:

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Luego viajamos a un pueblecito pegado al lago Chapala, uno de los lagos más grandes de México. Después de salir de una Guadalajara que parecía no tener fin (son como 5 millones de habitantes, la mayoría en casas de uno o dos pisos), el viaje en la carretera al lado del lago fue muy bonito y ya pude ver algo de la naturaleza mexicana.

En el pueblo con el nombre Petatatán fuimos a la casa de unos amigos de Chantal y su familia. Ya nos tenían preparado un pescado muy rico que comimos en su patio con vista al lago.

Ese pueblo aparte de tener habitantes muy amables tenía la peculiaridad de que allí cada año llegan unos 12 mil pelícanos desde Canadá para fugarse del invierno canadiense y traer sus crianzas al mundo. Fue un espectáculo que jamás había visto o imaginado y fui muy agradecida por poder verlo. Como el pueblo vive de la pesca, se producen muchos kilos de “basura” cada día al filetear los pescados, los cuales se les echan a los pelícanos en cubetas grandes. Mi papá como experto en „ordenación paisajística“ (me fascina esta expresión, la acabo de aprender!) obviamente tenía una que otra pregunta crítica en cuanto al balance ecológico del lago. De hecho sufre bastante por la carga adicional causada por los pelícanos y su alimentación y va a empantarse a largo plazo.

También dimos una vuelta con el papá de la familia que nos recibió. Fue muy bonito con los volcanes alrededor del lago, las gaviotas en el aire y las masas de pelícanos en la cinta costera:

De ahí seguimos el camino (con 7 personas en la camioneta) a la casa de Chantal en Zamora. El día siguiente acompañe a mi mamá como traductora para una visita en una pre-escolar Montesourri, porque le interesaba el concepto pedagógico. De hecho fue super interesante ver con que calma la maestra trataba a los niños y dejaba que cada uno aprenda a su ritmo. Como trabajo con niños a esta edad en mi barrio Wedding también, me tomaron confianza enseguida y muy rápido me vi enganchada en conversaciones serias de sobrenombres y loncheras, ayudando con tareitas, y acompañando las niñas al baño.

Los dejo con esta imagen que se me cruzo en la caminata hacía la escuelita, mostrándole al ojo socializado eurocentrísticamente los contrastes de la cotidianidad mexicana:

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